La piel cambia con las estaciones, la edad, el estrés, los hábitos y la propia evolución de un tratamiento. Por eso repetir automáticamente el mismo protocolo durante años no siempre es la mejor decisión.
Personalizar significa poder modificar activos, intensidad, técnica o frecuencia según lo que observamos en cada cita.
Esa flexibilidad es una de las bases de los Métodos Karisma: trabajar con un objetivo, pero sin perder de vista cómo responde la piel.
Si buscas un tratamiento hecho para tu piel y no un protocolo estándar, empieza por una valoración.
Si buscas un tratamiento hecho para tu piel y no un protocolo estándar, empieza por una valoración.